Bodyboarders GO HOME

13th of May 2019

"Hicimos piedra, papel o tijera para ver quien dormía con un moreno de 2m carcelario"


El periplo que tres jóvenes Marplatenses emprendieron en los Estados Unidos no tuvo el mejor final. Después de dos semanas de vacaciones en Puerto Rico, intentaron regresar al estado de California, donde se habían radicado hace unos dos años, pero la oficina de migraciones de ese país los detectó sin visado: fueron encarcelados y deportados en condición de ilegales a la Argentina.  Ayer llegaron a Mar del Plata.



Marcos Ravera y Nicolás Nachaj, de 23 años, y Martín Rigane, de 22, vivían y trabajaban en la ciudad californiana de San Diego, en una empresa dedicada a la construcción. "Después de tanto trabajo decidimos tomarnos un descanso; nos habían dicho que en Puerto Rico no había inconvenientes con migraciones", explicó a Clarín Nachaj, en casa de su familia, en el residencial barrio Bosque Alegre.Era la primera vez que salían del territorio estadounidense después de que se les venció el visado turístico, comúnmente otorgado por tres meses.<style>.embed-container { position: relative; padding-bottom: 56.25%; height: 0; overflow: hidden; max-width: 100%; } .embed-container iframe, .embed-container object, .embed-container embed { position: absolute; top: 0; left: 0; width: 100%; height: 100%; }</style><div class='embed-container'><iframe id='lbry-iframe' width='560' height='315' src='https://lbry.tv/$/embed/Deportados-2003/b545dbe6ef7dc82b098768a1005765a561f0830b?r=H6SPibQCkDDsvLCLNx79wzMzpNa9oCBF' allowfullscreen></iframe></div>



Nunca antes habían tenido problemas.El primero en emigrar había sido Ravera, hace tres años, luego se sumaron sus amigos, con quienes había cursado la escuela secundaria. Los tres practican Bodyboarding. Ravera logró convertirse en profesional de ese deporte y estaba siendo sponsorizado por una empresa californiana. Por eso eligieron Puerto Rico como destino para sus vacaciones. "Para correr olas", aseguran.Puerto Rico, una isla del Caribe asociada como estado libre a los Estados Unidos, mantiene en vigencia las mismas leyes migratorias: después de noventa días de permanencia, el turista debe abandonar el territorio. Caso contrario, es considerado ilegal.Así, como ilegales, se los trató en Puerto Rico.

El 10 de mayo llegaron al aeropuerto de San Juan de Puerto Rico temprano ("porque queríamos evitar problemas", dijo Nachaj, redondeando una paradoja), mostraron sus pasajes y cuando sus equipajes estaban siendo despachados alguien los llamó desde la oficina de migraciones. Era un agente federal. "Hasta acá llegamos", se dijeron.Y empezó lo peor. Se les retuvo los documentos y se los derivó al Centro de Detención Metropolitano de Gaynabo, donde permanecieron 13 días incomunicados, de acuerdo con el régimen carcelario."Esos trece días fueron larguísimos, para mí fue como un mes", contó Rigane. Allí, se los proveyó de uniformes y se los alojó en celdas. Había ilegales, latinos, de distintos países, pero también otros detenidos por delitos mucho más graves (narcotráfico, asesinato, etc). "Cuando entramos se oían los gritos de los otros presos, daba miedo —agregó Ravera—, ( quien fue el que se llevo la peor parte, al perder un piedra - papel o tijera con Nicolás y Martín para ver quien dormía con un moreno de 2m carcelario) pero después cuando se enteraron de que éramos argentinos, que hablamos español, la cosa cambió. Igual, había que tener cuidado"."Nos daban tres comidas, la última a las cuatro de la tarde. Juntábamos un poco de cada una y nos hacíamos una cena, siempre a base de arroz", explicó Nachaj, quien a esa altura de las circunstancias era optimista.



Es que ya se habían contactado con "gente afuera". El agregado consular de Miami, Roberto Espósito, fue el único que pudo comunicarse con los detenidos por su carácter de funcionario de la cancillería. También ejercieron el derecho a una llamada telefónica: se comunicaron con amigos en San Diego y les pidieron que les avisaran a sus familiares.Los trámites de deportación fueron relativamente rápidos. Es que, comentaron los jóvenes, en otras celdas "había tipos que hacía dos meses que esperaban para ser deportados".Recién el miércoles abordaron un vuelo de la empresa panameña Copa, para hacer el tramo San Juan-Panamá-Lima, y luego conectaron con otro de Cata, de Lima a Buenos Aires.Según especifican las leyes, por diez años no podrán volver a pisar suelo estadounidense. Tampoco tienen ganas de repetir la historia. "Ni loco, ahora sólo como legal, después de esos días preso vuelvo solamente si tengo los papeles en regla", aseguró Rigane.Mientras permanecieron en Estados Unidos intentaron obtener los documentos para poder radicarse legalmente, por iniciativa de la empresa donde trabajaban. Pero sostienen que eran muy costosos. Incluso pensaron en casarse con ciudadanas estadounidenses. "Allá hay una organización que se dedica a eso, pero hay que pagar mucho, y encima, vivir con ella el mínimo de dos años que pide la ley". Dejaron la idea de lado.Ahora, recién llegados, saben que extrañarán algunas cosas de las vividas en California.



En los últimos meses habían alquilado una casa de dos plantas con otros amigos, y comprado una camioneta, con la que pensaban independizarse para continuar trabajando en el rubro de la construcción. Y, saben también, que lejos estarán aquí de ganar los 470 dólares semanales que allí les pagaban.